Máscaras

Si quitarse las caretas para usted sólo quiere decir mostrarle al otro todos sus defectos… no se preocupe, él ya los conoce.

Quitarme la careta sería mostrarme como yo soy, profundamente, dentro de mí. Y eso es lo que nunca queremos hacer: nos quitamos la careta solamente por comodidad, para decirle al otro: “mira, estoy fastidiado contigo”. Pero no es eso de lo que hablo. Eso es algo negativo y fácil de hacer. Me refiero a llegar hasta algo más interior, de mi persona, algo más íntimo, realmente mío, que no quiero expresar. En general, nos quitamos las caretas más livianas en las cuales creemos menos, pero las más arraigadas, con las cuales nos hemos identificado más, no nos las quitamos. Y de lo que se trata es de quitarlas todas y eso es muy difícil, cuesta, no estamos acostumbrados a exigirnos tanto. Pero si lo intentamos, algún día la comunicación podrá ser de yo a tú.

Pregunta: Usted habla de que muchas veces aprendemos a relacionarnos con la otra persona a través de las máscaras. Me pregunto, ¿qué pasaría con un esfuerzo unilateral? ¿Cómo va a reaccionar la otra persona que está aferrada a un juego y a unas reglas ya establecidas? ¿Existe algo positivo en mis máscaras?

Nunca he visto nada positivo en las máscaras. Están puestas para proteger y defender, ¿a qué? ¿De qué? Del mundo, de la gente, de los demás. ¿Qué es, exactamente, lo que yo protejo con mis máscaras? ¿Qué defiendo? Si yo lo comprendo, quizás esté más decidido a despojarme de ellas.

Usted habla de un esfuerzo unilateral: si yo hago todos los esfuerzos y el otro no hace nada… si yo me quito la máscara y él no se la quita, debo comprender que tenemos que desistir de la idea y del deseo de cambiar al otro. Solamente él se puede cambiar a sí mismo. Yo no puedo… apenas puedo cambiar ciertas cosas mías, las que yo veo que no son buenas o que no me resultan.

Si quiero una comunicación, una unión, una verdadera relación con el otro, necesito ver cuáles son los factores que no permiten e inclusive impiden, esa relación. Y la presencia de máscaras, tanto en mí como en el otro, obviamente impiden un acercamiento honesto. Entonces comprendo que debo bajar la máscara, o por lo menos tratar de hacerlo. No puedo estar pendiente de que el otro esté haciendo lo mismo. Si yo hago este tipo de cálculos: “Si él lo hace, yo lo voy a hacer; si no lo hace, no lo voy a hacer”, jamás se producirá la unión. Lo que debo hacer, lo que tengo que hacer, es no calcular nada. El cálculo va completamente en contra de una buena relación.

Yo necesito –y ya es bastante difícil– mirarme sólo a mí, tratar de acercarme al otro sin máscaras y realmente intentar quedarme así por un tiempo, aunque sea corto. Después podré ver lo que eso produce y si logro resultados en mí y en el otro, eso me dará la fuerza para seguir tratando. Pero lo primero es tratar. Yo le podría decir a usted qué efectos produce este tratar, sobre uno mismo y sobre el otro, pero mi palabra no puede sustituir su tratar.

Nathalie de Salzmann de Etievan, Tal como uno hace su cama, se acuesta

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